La Criada – наймичка – Poesía de Taras Shevchenko

Nadie mejor que un hijo Cuidará de la hacienda Que tantos sacrificios Y desvelos costara

Prólogo

Un domingo, muy temprano,
La neblina cubre el campo.
Entre la niebla, una moza
Ante un túmulo se postra.
Algo contra el pecho oprime
Y algo a la niebla le dice:

“¡Ay, niebla, neblina,
Desdicha, desgracia!
¿Por qué no me envuelves?
¿Por qué no me guardas
Ya bajo la tierra?
¿Por qué no me aplastas?
¿Por qué no me quitas
Desventuras tantas?
No me aplastes, niebla,
Son vanas palabras.
Lo único que quiere
Esta desdichada,
Es que la protejas
De torvas miradas.
No soy huérfana, tengo
Padre y madre en casa…
Pero también tengo,
Niebla, niebla hermana,
Un niño, hijo mío,
Ser de mis entrañas,
Que no tiene nombre.
¡Hijito de mi alma!
Lo bautizarán
Personas extrañas.
Le darán un nombre
Y no sabré nada.
Yo fui mujer rica…
No culpes a mi alma.
Desde el mismo cielo
Pagaré con lágrimas

Todas tus venturas,
Todas tus desgracias”.

Escondida entre la niebla

Se fue llorando.
Una canción murmuraba
Entre los labios…
Como una viuda, a sus hijos,
Debió enterrarlos:

“¡Ay!, junto a una tumba,
Vagaba una viuda;
Andaba y paseaba,
Buscando hierbas malas.
Pero no encontró…
Dos hijos parió.
Los envuelve en seda
A al río los lleva.
Danubio tranquilo:
Juega con mis hijos.
Arena amarilla:
Dales, tú, comida.
Lávalos y fájalos
Y enseguida tápalos”.

Hace muchos años – Que en un caserío – Al borde de un lago – En un bosquecillo – Viven dos ancianos.

I

Hace muchos años
Que en un caserío
Al borde de un lago,
En un bosquecillo,
Viven dos ancianos.
Viven muy solitos.
Pastores de ovejas
Fueron los dos, niños.
Después se casaron.

Compran un molino,
Colmenas, ganado
Y un buen huertecillo.
No tienen, los viejos,
Ni tuvieron hijos.
Y la muerte, viene
Ya por el camino.

¿Quién podrá cuidar de ellos,
Darles filial cariño?
¿Quién podrá darles tierra
Al final del camino?
¿Quién va a orar por sus almas?
Nadie mejor que un hijo
Cuidará de la hacienda
Que tantos sacrificios
Y desvelos costara.
Ayúdales, Dios mío.
Cuesta, sin tener casa,
Dar crianza a los hijos.
Duro es hacerse viejo
En palacios magníficos;
Morir, dejar los bienes
A hombres desconocidos
Y que los despilfarren
Ellos, extraños hijos.


II

Un domingo, los dos viejos,
Ambos vestidos de fiesta,
En un banco están sentados
Que hay al lado de la puerta.
Hace sol; no hay en el cielo
La menor nube siquiera.
Igual que en el paraíso,
Reina la paz completa.
Embarga sus corazones
Una pena grande, inmensa.

¿Cómo en este paraíso
Puede reinar tanta pena?
Quizá se hayan despertado
Un montón de penas viejas
O quizá, tan sólo ahora.
Este edén a arder empieza.

No sé por qué están tan tristes
Los dos ancianos. ¿Acaso
Se preparen para el viaje,
Para ese viaje tan largo?

Y sacó regalos Para los dos nietos Cruces, medallones, Un collar muy bello Para la chiquilla

Llegada la última hora
¿Quién aviará los caballos?

“¿Quién nos dará sepultura,
Nastia, cuando nos muramos?”
“En este mismo momento,
Eso estaba yo pensando:
Solos nos hicimos viejos…
¿Para quién acumulamos
Tanta riqueza?”

“¡Silencio!
Creo oir tras el cercado
Llorar a un niño… De prisa.
¿No te decía yo? Vamos…
Querida, ya sabía yo
Que había de pasar algo”.

Se levantaron los dos Y al vallado se acercaron. Ven un trozo de estameña Y en ella a un niño enrollado.

Se levantaron los dos
Y al vallado se acercaron.
Ven un trozo de estameña
Y en ella a un niño enrollado.
Lo taparía su madre
Con lo que tenía a mano:
Con la última estameña
De un ajuar desbaratado.
Los viejos, mirando al niño,
A la vez se persignaron.
Al verlos, la criatura
Tendió hacia ellos los brazos…
“¿Qué me dices ahora, Nastia?
Como ves, solos no estamos.
La dicha llamó a la puerta.
Envuélvelo bien y llévalo
A casa, llévalo ya,
Que por doquier ronda el diablo.
Yo iré en busca de comadres
A Horodische…(*) ”

¡Qué casos
Ocurren en este mundo!
Un padre, del hogar santo
Echa al hijo, lo maldice;
Otro brega sin descanso
Sólo para comprar cirios,
Ponérselos a los santos,
Que hijos los santos le den…
¡Casos demasiado raros
Ocurren en este mundo!
¡Casos demasiado raros!


III

Asistieron al bautizo
Tres parejas de comadres.
Y de nombre le pusieron
Marco, aquella dulce tarde.
Los pobres viejos se afanan,
No saben cómo cuidarle,
No saben dónde ponerle…
Los pobres viejos no saben.
Crece el niño; pasa un año.
La vaca que da la leche
Vive como en un palacio.
Un buen día, al caserío
Llama, pidiendo trabajo
Una muchacha ojinegra,
Esbelta, la tez de nardo.

“¿Qué te parece, mi vieja,
La tomamos de criada?”
“El niño la necesita,
La necesita la casa:
Él pide más atenciones;
Ésta, trabajo demanda”.
“Tienes razón. La tomamos,
Pues nos hace mucha falta.
¿Cuánto pides, buena moza?”
“Con lo que me den, me basta”
“Eso no vale, hija mía.
Debemos saber qué paga
Demandas por tu trabajo;
Él que no cuenta, no guarda.
Así, pues, querida, pide…
Mira: vive en nuestra casa;
Nos conoceremos todos;
Veremos cómo trabajas
Y, después, si te parece,
Hablaremos de la paga”.

“De acuerdo, abuelo, de acuerdo”.
“Adelante. Ésta es tu casa”.

Los ancianos ya la adoran, Alaban a Dios y rezan… Mas la criada se pasa Todas las noches en vela, Llorando con desconsuelo

Así quedaron. La moza
Vive feliz y contenta.
Diríasela casada
Con un gran señor de hacienda.
De la mañana a la noche
Trajina en casa, en la huerta,
Cuida también el ganado;
Por el niño se desvela:
Todos los días le lava
Al chiquillo la cabeza;
Todos los días le pone
Una camiseta nueva.
Juega con él y le canta
Unas canciones muy bellas;
Y le lleva de la mano
Todos los días de fiesta.
Los ancianos ya la adoran,
Alaban a Dios y rezan…
Mas la criada se pasa
Todas las noches en vela,
Llorando con desconsuelo:
Maldice su suerte adversa.
Pero nadie sabe nada,
Pero nadie se da cuenta,
Salvo Marco, la criatura,
A pesar que no comprenda:
Mira a la pobre criada
Derramar lágrimas tiernas.
El niño tampoco sabe
Por qué con pasión le besa,
Por qué le da lo que tiene,
De todo privándose ella.
No sabe que cuando duerme
O se despierta, o da vueltas,
Ella la cama abandona
Y acuna a su dulce prenda,
Lo bendice y tapa. Aguarda
Hasta que el niño se duerma.
Por la mañana temprano.
Nada más que se despierta,
El niño los brazos tiende,
Sonríe a esta mujer buena,
La llama mamá… No sabe.
Y crece Marco sin penas.


IV

Pasarían muchos años.

No poca agua llovería.

La desventura entró en casa…
Muchas lágrimas traería.
Se murió la abuela Nastia,
El viejo enfermo caía…
Mas se fue la desventura
Y, de nuevo, la alegría
Reinó en casa del abuelo.
Y reinando seguiría.

Marco es un mozo fornido
Que de boyero trabaja,
Pero se pasa los días
Durmiendo fuera de casa.
“Llegó la hora de casarle
Antes de que yo me vaya”,
Piensa Trojim, el anciano.
“Preguntaré a la criada”.
Ésta le desposaría
Con una reina o una infanta,
Pero dice: “Preguntemos
A Marco, es él quien se casa”.
“Haremos como tú digas,
Como consideres, Ana”.

Marco es un mozo fornido Que de boyero trabaja, Pero se pasa los días Durmiendo fuera de casa.

A buscar casamenteros
Fue Marco muy de mañana.
Y con ellos volvió pronto:
Ataviados con toallas *,
Un pan bendito en la mano…
Y una moza muy galana
Que podría ser princesa
Por lo bella y por lo santa.
“Muchas gracias — dijo el viejo —
La cosa en esto no acaba.
Habrá que fijar el día
Para saber cómo y cuándo
Nuestro Marco se nos casa.
Y… algo más que yo olvidaba:
¿Quién ha de ser la madrina?
Ya no está la pobre Nastia…”
Y rompió a llorar el viejo.
Con las manos en la jamba
De la puerta, Ana aparece
Taciturna, la criada,
Murmurando: “¿La madrina?…”
Todos la miran y callan.


V

Al cabo de una semana
Se llena el patio de mozas.
Amasan, cantando a coro,
El pan blanco de las bodas.
El viejo, pleno de fuerzas,
Lleva en la mano una escoba
Y barre contento el patio.
A toda la gente, a toda,
Que pasa ante el caserío,
La invita el viejo a una copa.
Anda de acá para allá
Desde que apunta la aurora,
Y, aunque le flaquean las piernas,
Se ve que el viejo la goza.
De la bodega sacaron
Unas tinajas de horilka.
Guisan, cuecen, se preparan
Los manjares de la boda…
Todas son caras extrañas,
Caras alegres, gozosas.
Ana, en peregrinación
Se va a Kyiv la piadosa.
Marco y Trojim le pidieron
Ser madrina de la boda…
“Todos vosotros sois ricos.
Pero olvidáis una cosa:
Que no puede ser madrina
Una criada fregona.

Además, querido Marco,
Seríais blanco de mofas.
¡Que Dios os ayude a todos!
Para Kyiv me voy ahora.
Rezaré a todos los santos
Y a la Virgen milagrosa.
Vendré si queréis que vuelva,
Si hay suerte y no me abandona”
Llorando bendijo a Marco
Y partió triste y llorosa.

No soy huérfana, tengo Padre y madre en casa… Pero también tengo, Niebla, niebla hermana

Y las bodas se celebran.
¡Hay que ver cómo se afanan
Los que la música tocan
Y también los que la bailan!
Entretanto, va hacia Kyiv
Nuestra entrañable criada.
Llega a Kyiv sin dinero
Y se mete en una casa
A servir a una señora:
De la fuente, a traer agua.
Para pagar tantas misas —
Por ejemplo a Santa Bárbara —
Trajo a calderos, un río,
No es agua bendita el agua.
A San Juan, y para Marco,
Compró una gorra sagrada
Que quita el mal de cabeza;
Y un anillo, a Santa Bárbara,
Para la esposa de Marco.
Y con esto volvió a casa.
En la puerta, Caterina
Y su esposo la esperaban.
La sentaron a la mesa,
La preguntan, la agasajan
Y, bien entrada la noche,
La acostaron en la cama.
“¿Tanto me querrán, Dios mío,
Que me honran y regalan?
¿Quizá se hayan dado cuenta?
No, no pueden saber nada…
Es que son buenos, muy buenos…
Y vuelve a derramar lágrimas.

(continúa aqui)


Mira: vive en nuestra casa; Nos conoceremos todos; Veremos cómo trabajas Y, después, si te parece, Hablaremos de la paga”
El niño los brazos tiende, Sonríe a esta mujer buena, La llama mamá… No sabe. Y crece Marco sin penas.

VI

Tres años, uno tras otro,
A Kyiv fue de romera.
Y Caterina, tres años
La acompaña hasta la puerta.
La cuarta vez, Caterina,
La acompaña hasta la estepa
Donde se alzan sepulturas
Anónimas y soberbias.
Pidió a Dios que la criada
Pronto de Kyiv volviera;
Sin ella, la casa está,
(Como quien dice, desierta)

Marco se acerca al lecho de la pobre Ana. “Marco — dice llorando La desdichada —

Mirando cómo juega con el perro
El nieto, está sentado ante la casa
Un domingo, Trojim, engalanado
Con sombrero de paja y camisa alba.
El anciano y la nieta juegan juntos:
La niña se vistió con una falda
De su madre, al abuelo viene a ver.
Éste, sonriente, la saluda y habla
Con ella y le pregunta después serio:
“Lo que no veo en tus manos es la hogaza.
¿Quizás te la quitaron en el bosque?
¿O no la hiciste de tan ocupada?
En fin, no importa, nietecita mía…”
De pronto, entra en el patio la criada.
Abuelo y nietos corren hacia ella,
Ya la cubren de besos y la abrazan…

“¿No regresó Marco?”
Pregunta Ana al viejo.
“Aún está en camino”.
“He llegado a tiempo…
Morir entre gente
Extraña, da miedo.
Esperar a Marco…
Sólo en eso pienso”.
Y sacó regalos
Para los dos nietos
Cruces, medallones,
Un collar muy bello
Para la chiquilla;
Para Carpo, el nieto,
Unos caballitos.
Y aún otros objetos.
Para Caterina
Otro anillo nuevo;
Tres cirios de cera
Bendita, al abuelo.
Para Marco y ella,
No alcanzó dinero…
Ni fuerzas siquiera…
“Un rosquillo tengo”.
Lo partió en dos trozos
Que dio a los pequeños.


VII

Entraron todos en casa.
Caterina, mujer buena,
A Ana le lavó los pies
Y le sirvió la merienda.
Pero ni un solo bocado
Llevó a la boca la vieja.
“¿Cuándo es domingo, hija mía?”
“Pasado mañana, y fiesta”
“Una misa hay que encargar
Y pedir que Marco vuelva
Con salud. ¡Que Dios le guarde
De desventuras y penas!”
Se le saltaron las lágrimas.
Se levanta de la mesa.
“Para nada valgo ya.
Estar de pie, ya me cuesta.
Es muy duro, Caterina,
Morir en mansión ajena”.

Ana cayó enferma
Y le administraron
Ya los Santos Oleos,
Pero todo en vano.
Trojim, el abuelo,
Anda cabizbajo.
De ella no se aparta
La esposa de Marco.
El mochuelo augura

Momentos aciagos.
La enferma pregunta,
Casi sin descanso:
“Dime, Caterina,
¿Ha llegado Marco?,
¡Ay, si yo supiera
Que lo veo y abrazo,
Me estaría un siglo
Entero esperándolo”.


VIII

Ya Marco con los boyeros
Viene cantando.
Los bueyes suelta a pacer
En ancho campo.
Trae Marco a Caterina
Paño muy caro;
A su padre un cinturón
Rojo, bordado.
A Ana trae, para una cofia,
Brocado áureo
Y un lindo pañuelo rojo
Con bordes blancos.
Golosinas a los niños,
También zapatos.
Caviar del Don trae. Vino
Trae de Bizancio…
No sabe lo que en su casa
Está pasando.

Oleo sobre tela por #artistaNairobiPrahl para Ucrania Fantástica - La criada, Taras Shevchenko
Trae Marco a Caterina Paño muy caro; A su padre un cinturón Rojo, bordado. A Ana trae, para una cofia, Brocado áureo Y un lindo pañuelo rojo Con bordes blancos. Golosinas a los niños, También zapatos.

Va Marco muy contento.
¡Llegó, gracias a Dios
Mientras abría la puerta,
Rezaba una oración.
“¿No oyes, Caterina?
Parece que llegó.
Vete corriendo y llámale.
Di que le llamo yo.
¡Dura espera la mía
¡Bendito sea Dios”
Como soñolienta. Ana,
Padre nuestro… rezó.

Desunce el viejo los bueyes,
Guarda los yugos tallados.
Caterina, embelesada,
Mira sin cesar a Marco.
“¿Dónde está Ana, Caterina?
Casi me había olvidado”.
“Está enferma, muy enferma.
Vamos, que te está esperando”.

Entraron los dos en casa.
Se queda asustado Marco.
“Gracias a Dios”, murmura Ana.
“Gracias a Dios. Ha llegado.
Caterina, por favor,
¿Podrías salir un rato?
Quiero hablar con tu marido,
Quisiera preguntarle algo”.
Marco se acerca al lecho
De la pobre Ana.
“Marco — dice llorando
La desdichada —
Quiero que sepas, Marco,
Que no soy Ana,
Ni criada siquiera…
Soy…”

Y se calla.
Marco llora como un niño.
Tiene un nudo en la garganta.
Ella vuelve a abrir los ojos
Plenos de dolor y lágrimas.
“Me pasé toda la vida
Sin tener mi propia casa…
Soy… tu madre, hijito mío,
Hijo mío de mi alma…”
Marco nota que la tierra
Da vueltas, que se lo traga…
Cuando volvió en sí, su madre,
Pobre madre, descansaba.

13 de noviembre de 1845
Pereyáslav

Videos

Audio poema

Película

Tres años, uno tras otro, A Kyiv fue de romera. Y Caterina, tres años La acompaña hasta la puerta.

Ópera

Mientras abría la puerta, Rezaba una oración.

Fragmento con danza de Hopak en la ópera


Un niño, hijo mío, Ser de mis entrañas, Que no tiene nombre.

Artículos sobre otros poemas de Taras Shevchenko

La desventura entró en’casa… Muchas lágrimas traería. Se murió la abuela Nastia

*Horodyshche — nombre de un poblado grande, hoy ciudad, centro regional en la provincia de Cherkasy (Ucrania).
*Según el rito tradicional ucraniano, a los casamenteros les ataviaban con toallas bordadas cuando los padres de la novia estaban de acuerdo acerca de su boda.
Y se mete en una casa A servir a una señora: De la fuente, a traer agua. Para pagar tantas misas — Por ejemplo a Santa Bárbara —

FUENTE: pdf descargable, “Poesias escogidas” con varios poemas de Taras Shevchenko traducidos al español

Author: Ucrania Fantástica

Слава Україні! ¡Que viva Ucrania! Libre, independiente, soberana

2 thoughts on “La Criada – наймичка – Poesía de Taras Shevchenko”

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